¿Alguna vez les paso de ocultarse del espejo?

No me gustaba mi cuerpo pero un día cualquiera del año 1 de la Era Covid tomé la decisión de cambiarlo.

Me propuse afrontar una pérdida radical de peso.

No era la primera vez, lo había intentado otras tantas con éxito parcial pues adelgazaba, engordaba y volvía a perder en un viciado bucle que parecía no tener fin. Sin embargo algo en mi interior me hacía creer que esta vez sería distinto.

Y así fue pues llevo bajado 27 kg. La vida me fue poniendo avatares en mi camino, personas con dones extraordinarios que me retaron y/o apoyaron para que perseverara en mi desafío.

Ya saben que en #Valencia tengo un gran angel que me cuida @cris_si_viaja que me permitió conocer a @david.crosswolf, el “lobo”, un personaje peculiar con cuerpo de estatua griega,  voluntad de acero y corazón de oro que vive enfocado en devolver salud y funcionalidad a las personas.

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Le dio la vuelta al calcetín a mis hábitos y a la forma de entender el cambio.

-Esto no es una dieta, me dijo muy serio sentando las bases de su movimiento Crosswolf; es una forma de encarar la vida.

✅Lo primero que modificó fue mi alimentación convirtiéndome en devorador de suculentas raciones de comida real y enemigo declarado del gluten (si tuve que decir adios para siempre al pan y las pizzas).

✅Luego me presentó la calistenia una forma de entender el deporte a través de ejercicios de equilibrio, fuerza y flexibilidad donde solo usábamos el peso del cuerpo.

✅Me arrastró a la montaña y me hizo coronar los picos más altos de la comunidad Valenciana haciendo oídos sordos a mis: ¿cuanto queda todavía? Frase que repetía en cada cuesta empinada que me dejaba sin resuello (no sabéis lo que supone mover 147kg en pendientes con mucho positivo).

✅También me cambió las zapatillas de toda la vida por calzado minimalista para fortalecer mis pies.

✅Y por último me enseño a introducir micro dosis de ejercicios durante el día convirtiendo mi mesa de trabajo en un gym improvisado…

Al lobo y su movimiento CrossWolf le debo tanto que no seria justo atribuirme el mérito de mi cambio sin nombrarlo una y mil veces.

Gracias a él me atreví a pararme desnudo ante el espejo, acto que había evitado durante años.

Giraba la cabeza como un rayo cuando salía de la ducha. Mi cuerpo además de hinchado sufría los estragos de las repetidas subidas y bajadas de peso que me habían dejado firmas con forma de estrías de varios colores: blancas, moradas y rojas.

Mirarme cada día al espejo se convirtió en un ejercicio obligado.

Como un viejo vaquero del oeste me levantaba de la cama y me  miraba fijamente, desafiandome repitiendo frases empoderantes: ¡soy hermoso, soy armónico, estoy delgado!

Primero sin fe, luego cuando aprendí más sobre los decretos, introduje la emoción.

Más tarde vendría el método Tesla del que os hablaré más adelante.

Y ¿sabéis qué? a base de repetir y repetir de algún modo logree hackear a mi cerebro.

Un día de ese mismo año 1 de la era Covid sonreí ante mi imagen.

Volvía a estar enamorado de mi.

¿Alguna vez les paso de ocultarse del espejo?

 

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